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Fracasa

Pero por completo. No a medias.

Tiempo de lectura 6 minutos

Las mentiras que te cuentan sobre la importancia de fracasar 

y cómo identificar los verdaderos fracasos.

He fracasado a medias más veces de las que me gusta reconocer.

No voy a deciros lo bien que me ha ido todo después de fracasar. Tampoco diré que gracias a ello nunca he vuelto a cometer los mismos errores.

Os estaría mintiendo.

De hecho, no soy de los que considera necesario fracasar para luego “triunfar”. Tampoco para aprender.

Vamos, que fracasar no es imprescindible. Y los que hemos fracasado, sabemos por que digo esto....

A nuestro amigo Michael Jordan le encantan los fracasos. Y seguramente conoces mil frases acerca del fracaso.

Pero que nadie se engañe, un fracaso es lo que es: 

Una hostia. Y depende cómo, una hostia fuerte. Una hostia que cuestiona tus objetivos, tu identidad y a veces tu sistema de valores.

Hay muchas frases "positivas" sobre el fracaso. Recuerdo especialmente una que dice:

- "Los fracasos son heridas del guerrero “

- Y una mierda

¡Cuidado con eso! ¡Cuidado con esas frases! ¡Cuidado con las “heridas de guerrero”! 

Porque si debido a una herida te amputan un brazo, obviamente después no vas a ser buen guerrero.

En este pequeño texto quiero abrirme un poco. Contar algo que nunca antes he dicho: Mis fracasos. Mis verdaderos fracasos. Aunque antes de empezar tengo que avisaros: No os creáis nada de lo que os cuento. Comprobadlo vosotros mismos, al fin y al cabo, yo sólo he vivido mi experiencia.

MIS 3 MAYORES FRACASOS

Fracaso 1

Cuando tenía 18 años tuve la suerte de ser responsable de desarrollo de negocio y tener acciones, de una empresa que tiempo después acabó siendo propiedad de célebres empresarios cómo Marc Vidal o Risto Mejide. Abandoné el proyecto antes de su adquisición. Actualmente han cambiado el modelo de negocio y no consiguen despegar, pero la experiencia hubiese sido increíble para mi futuro profesional.

Fracaso 2

Fui el primer trabajador y el máximo responsable de Relaciones corporativas en una de las empresas más innovadoras de Europa. Cuando nadie hablaba de Internet of Things, yo me dedicaba a buscar socios, vender, escribir artículos o viajar a Israel.

Lo dejé, priorizando otros proyectos: Actualmente esta empresa ha recibido millones de fondos europeos, y aunque no puedo dar más detalles, va a dar que hablar pronto.

Fracaso 3

Suspender un semestre entero de la universidad. Justo el último año, cuando estoy más cerca de mi objetivo. Esto me ha hecho cambiar todos mis planes de vida y perder mi buena media académica.

Todos ellos lo viví con gran dolor, un sentimiento de miedo y pérdida.

Después de ello, he tenido siempre una misma pregunta dentro de mi cabeza:

¿He cometido el mayor error de mi vida?

Ni siquiera ahora tengo la respuesta. Pero sí sé que de todos ellos he aprendido. A diferencia de otros fracasos que no me perdono. Los verdaderos fracasos son los que me han dejado vacío y sin aprendizajes los fracasos a medias.

Me explico:

¿Sabes ese proyecto en el que te implicas por compromiso? ¿Esos meses que destinas en ayudar a un proyecto que no haces tuyo o esa oferta laboral que aceptas porque no encuentras nada más? Ya me entiendes. Todos esos proyectos en los que te medio-implicas o simplemente te implicas por puro compromiso. Aquellos que llevas a cabo por inercia, y no porque realmente quieras hacerlos.

También puede que hayas fracasado a medias en aquellos proyectos que te apasionan. De hecho, estás fracasando cuando no llevas a cabo tu mayor ambición. Fracasas cuando no luchas por aquel ese sueño que siempre te ha inspirado. Fracasas cuando dejas un proyecto a medias, abandonado y perdido.

Eso sí es grave. Esos sí son verdaderos fracasos…

Fracasos fugaces que sin que te des cuenta te roban tu tiempo y tu ilusión, dejando a tu entorno decepcionado y a ti vacío: Ni aprendizajes, ni contactos, ni experiencia.

No lo has vivido.

No lo has hecho tuyo.

Y lo peor de todo, no lo has disfrutado.

Hacer algo a medias, es la peor inversión que puedes hacer. Porque equivale a no haberlo intentado.

Hacer algo a medias es el peor de los fracasos.

He fracasado a medias más veces en la vida de las que me gusta reconocer. Pero ya lo he entendido:

“Si no sale ardiendo de lo más profundo de ti, a pesar de todo, no lo hagas. Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti, espera pacientemente. Pero si nunca llega a rugir, haz otra cosa. A no ser que salga de tu alma como un cohete, no lo hagas. A no ser que el sol que hay dentro de ti esté quemando tus tripas, no lo hagas. Si lo haces, hazlo bien. Sino y a pesar de todo… no lo hagas.”

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